¿Qué se sabe sobre el dolor lumbar y por qué es tan común en la sociedad?
En las unidades de dolor, más del 50% de los pacientes acuden con dolor lumbar. Según los estudios, un 85% de la población sufrirá algún episodio de dolor lumbar a lo largo de su vida. La edad más frecuente es entre los 35-55 años.
El dolor lumbar es RECURRENTE y EPISÓDICO, es decir, a lo largo de la vida se puede repetir varias veces, aunque no tiene por qué presentarse de la misma manera ni con el mismo patrón de dolor.
¿Pero cuál es la causa de este dolor tan frecuente?
Lo cierto es que no se sabe exactamente qué es lo que puede provocar este dolor. Se cree que puede venir provocado por un dolor sacroiliaco, una lesión en el disco vertebral o en las articulaciones que rodean al disco o, incluso, por problemas más graves como un tumor, una infección o una fractura vertebral.
Las pruebas de imagen (radiografías, resonancias magnéticas, TAC…) nos van a ayudar a la hora de establecer el diagnóstico del paciente. Sin embargo, son pruebas complementarias, es decir, son importantes pero nunca hay que basarse exclusivamente en lo que muestran.
Se sabe que se puede hacer un diagnóstico clínico sin ninguna prueba complementaria, basándonos en la clínica del paciente, ya que todos sabemos que, en muchas ocasiones, estas pruebas de imagen no muestran ningún tipo de patología y los síntomas del paciente perduran en el tiempo sin poner ninguna solución por no saber dónde está la causa de ese dolor.
¿Cuál es el tratamiento más adecuado?
No hay un tratamiento claro para las “lumbalgias”, es decir, no hay evidencia de que la mejoría del dolor se deba a un tratamiento o no. Muchas veces, los pacientes mejoran se les haga un tratamiento u otro por lo que hay que pararse a reflexionar.
Hay que basarse, principalmente, en la clínica del paciente y entender los aspectos personales, externos, sociales, psicológicos… que engloban esa patología.
Una vez tengamos claro el diagnóstico se podrán llevar a cabo numerosas técnicas de tratamiento. Entre ellas, destaca la Terapia Manual, que incluye técnicas de movilización lumbar (segmentaria, accesoria), ejercicios de control motor, técnicas musculares y neurales, la enseñanza de ejercicios al paciente para que los pueda realizar en casa, etc.


