Septiembre se trata de un mes que queda marcado en el calendario como una transición hacia una nueva fase de nuestra vida, ya sea porque somos pequeños y empezamos un nuevo curso en el colegio, comenzamos una carrera universitaria o nos han llamado para empezar a trabajar.
Las oportunidades que nos aportan los finales de etapas deben ser aprovechadas porque nunca sabemos los que nos depara el futuro si no comenzamos caminos.
La ansiedad, la angustia y la incertidumbre ante estos principios pueden llegar a desanimarnos o incluso a desequilibrarnos. Por ello es importante, saber gestionar las emociones y ser conscientes, dentro de nuestra inconsciente esencia, de que podemos establecernos objetivos y llegar a alcanzarlos si no nos rendimos. Un psicólogo nos puede ayudar a leer nuestro libro de instrucciones psíquicas y enseñarnos a saber las herramientas con las que contamos para no bloquearnos ante situaciones que no podemos controlar.
En el caso de los más pequeños, como padres o tutores somos testigos de los cambios psíquicos y físicos que conlleva el pasar del tiempo. y las consecuencias que provocan en el entorno familiar, social y escolar. Se aconseja que antes de que los síntomas infantiles crezcan (rabietas incontroladas, contestaciones hacia los mayores fuera de lugar, etc.), la familia acuda a consulta psicológica para aprender las pautas necesarias para hacer más fácil al niño los cambios por los que transita.
En muchas ocasiones, las nuevas etapas nos desorientan porque nos hacen dudar si hemos tomado la decisión correcta. Por ejemplo, ante la carrera o master universitario elegido. En estos casos y en muchos otros la Psicología Clínica puede ayudarnos a aclarar aquello que nubla nuestros deseos.
Los finales son comienzos, y como tales hay que vivirlos y valorarlos.




